PRESENCIA
Un
ojo de chocolate me consume
una
arruga blanca y una espiga en el recodo
de
una silla vacía
La
ventana no abre
está
trancada al olvido
tiene
la garganta herida de besos
y
el rumor de las hojas secas partidas
en
la imagen
Sólo
el espejo vacío me habita en tu silencio
cristal
alucinando la aurora
eco
del café matutino en la sed de la penumbra
y
un dibujo carcomido de deseos
Soy
abierta
frente
al cuadro antiguo
de
un mar transparente tejido de cromio
dos
piernas inertes que esperan
la
ola galopante y sencilla del beso
Estoy
reguindada del recuerdo
con
la oreja partida en un arpegio
un
vidrio roto abriéndome el corazón caliente de la noche
y
esta suite rebotando círculos en la cuerda
infinita
de las orbitas celestes
Y
espero la caída del cielo, aguardo
el
mar en el azul de tu boca llena de agujas verdes
la
música de las cosas que nos miran
entre
un umbral que es arco en mi memoria
portal
que trasciende al universo de tu voz
en
la orilla de la cama llena de plumas
Busco
otra
vez la silueta negra de tu madera
recreándome
en tus colores de saltamonte
y
unas pestañas en mi espalda posada
vestida
de mariposa amarilla
besada
Me
consume el eco y la sonata
la
ruta entregada hacia la luna
que
no sabe mirar atrás
y
este camino imperdonable de heridas que he tejido
sólo
para adorarte en las auroras casuales
del
silencio
entre
el estrecho vaivén del mar y el horizonte de tus labios
y
un ala que se sabe solitaria y acostada en la sal del sufrimiento
Así
es este amor, callado en el silencio
embriagado
de albahaca morada
cosiendo
el ansia de tu ojo clavado en el mío
atándose
a las fronteras que no conocen el dolor
de
los partos antiguos
Vivo
abierta
a la sonrisa de la noche en la ventana
como
un pájaro naciente en las entrañas
de
mi cuerpo adolorido de lluvias
llena
de hilos y rocas
tatuada
por el andar de tu cuerpo en el pasillo de la noche
queriendo
ser flor de abismos y acantilado tejido
para
adorarte
y
anudar con mi lengua las barbas de tu nombre
que
me gritan desde adentro
desde
la estrella oscura que palpita cerca de mi vientre
y
me vence de temores precedidos de cielos
predicción
de lunares en la alcoba del rostro
que
esculpo con los dientes del alma
para
saberte mío
Y
me consume
este
pasaje zigzageante de la tarde en el recuerdo
de
tu brisa negra apretándome las sienes
labrando
amor de orfebre en mi pecho abandonado al tuyo
bebiéndonos
la leche circulante del olvido y la miel de la memoria inerte
para
sentirnos
con
el pellejo de estrellas quemándonos
y
estas manos que son ciegas sin el color de tu noche
Soy
porque somos
libélula
y albatros sobre el nido
jaguar
en la montaña de un camino prometido en el beso...
Zoé Ximena
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