Un
deseo...
Llevo
la mirada cosida ante el ala de una libélula
azul
enredada
en el vuelo violáceo
de su transparencia
abanicando
mi sueño, y deseo...
Adormilada
por el arbusto me dejo visitar por los recuerdos
del
milagro enternecido que se agarra a mi boca semiabierta
Mis
manos llevan el camino de la pulpa roja palpitando
semilla
de café madura que saboreo en el deseo
y
que me trago para embriagarme de destinos y
sortilegios
entre
la hojarasca y el fango de esta tierra que se parece tanto
a
mis rodillas
Muerdo
el tallo, la hoja y la flor
me
atraganto el amargo de la semilla
aún
verde que quiere
hacerse licor en las manos del universo
muerdo
la piel rojiza del retoño arrimado a mi alcoba azul
y
la madera que me cubre el vestido incongruente de mis gritos
Muerdo
la cáscara del cielo entre la maleza de ojos rojos
que
aguardan mis manos
alucino
tu mirada en el único camino de este cielo lleno de frutas
balbuceo
el deseo del tiempo en la eternidad de estos picos
verdes
alimentados por la lluvia que se parece a mí
y
busco en la altura una contestación para los gorriones
y
el nido
y
busco en la tierra una roca que me revele la voz
de
la única dimensión soñada
La
libélula da vueltas sobre mi rostro encendido en sonrisas
y
siento tu cuerpo libándome la flor y el llanto
y
quiero leer en sus alas la carta de tu aliento
una
promesa, un augurio de anillos en ronda libre
que
sepan preparar las órbitas de mis rutinas soberanas
frente
al cielo
Quisiera
atar mi voz al canto de tu oído disperso en mis neuronas
quisiera
anudar el rito de las hojas y la piedra del río en la sangre
las
veredas del sur sobre la eternidad submarina de mis costas
en
una sola ruta entretejida por el viento satisfecho de dios
para
coser los crepúsculos incrustados que habitan
mi
centro y abrirte esta cúpula al olvido
para
dejar atrás las heridas del rostro y la frontera
los
portones abiertos de la posibilidad matutina
y
un mismo lecho en la hojarasca encendida de dos bocas
que
se reconocen en la piel y en el camino
en
la voz del río que los nombra, en el fulgor precipitado
de
la espuma que bendice un único trazo y una luz compartida
Quiero
morder el vuelo de tu voz y ofrendarte eternidades
sacudir
la alfombra de un nuevo sendero y poner mi semilla roja
en
tu boca...
Zoé Ximena
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